Liderazgo silencioso, la dirección que parte de la humildad y la empatía

Aunque «silencioso» es lo último que esperaríamos asociar a un líder, lo cierto es que esta será la cualidad del futuro. Es alguien franco, empático, reflexivo y observador que confía en el potencial y las habilidades de sus empleados.

El liderazgo silencioso gana terreno en un escenario habitado, hasta no hace mucho, por figuras directivas y hasta autoritarias. Atrás quedarían por tanto los jefes acostumbrados a dar órdenes, a marcar una única dinámica de trabajo. La clásica “mano de hierro” que definió a figuras como Henry Ford o Steve Jobs en el pasado, queda a un lado para permitir la entrada a otras figuras con filosofías distintas.

El hecho de que se necesite reformular la figura de los líderes actuales viene determinado por la crisis que nos envuelve. En un escenario lleno de incerteza e inestabilidad se necesita otro tipo de gestión para infundir confianza. Aún más, los directivos y jefes que se definen por esa tendencia silenciosa integran en ellos cualidades muy elevadas, esas con las que inspirar a otros.

Las tácticas de alta presión, de dominio absoluto e inflexibilidad están caducando en las organizaciones. Se necesita infundir entusiasmo, no miedo. Son necesarios líderes más humildes y menos narcisistas para que los proyectos avancen, para que los equipos de trabajo se sientan cómodos y unidos en un mismo fin, en una misma meta.

joven sobre una piedra representando el liderazgo silencioso

El liderazgo silencioso frente al líder vertical y autoritario

Un líder silencioso no es tímido ni retraído ni una figura invisible dentro de la propia organización. Lo que define a estas personas es su modo de comportarse y de actuar en un entorno laboral.

Tal y como hemos señalado al inicio, se hace necesario reformular el liderazgo que hemos tenido hasta el momento porque no siempre ha sido tan efectivo como pensábamos.

Los fracasos de muchas empresas tienen como origen la personalidad de esas entidades en la alta dirección. Hasta no hace mucho, los ascensos se llevaban a cabo por rasgos como la extroversión, el carisma, las tácticas de alta presión, de dominio… Sin embargo, el clásico modelo del liderazgo vertical y autoritario solo ha ocasionado pérdidas a todos los niveles:

Ahora bien, con la llegada del liderazgo silencioso esto cambia. El clima de trabajo que favorece el alto cargo “silencioso” parte de la confianza y la empatía. Es ver en el trabajador al mejor aliado para alcanzar los más elevados resultados.

¿Qué características definen a estos líderes?

El secreto de un líder exitoso es disponer de seguidores comprometidos. Es decir, todo directivo o alto cargo que quiera llegar lejos en su proyecto, debe contar con personas que crean en él. Y esto, admitámoslo, no es fácil de conseguir.

Comprometidos con las personas y con un proyecto

El buen líder no solo tiene en mente una serie de objetivos empresariales a corto y largo plazo. Estas personas situadas en lo más alto de la organización, saben que sin los empleados y los equipos de trabajo ninguna de esas aspiraciones son posibles.

Por ello, la primera dimensión que define al liderazgo silencioso es el compromiso con el capital humano. Sabe que invertir en las personas es lo que marca la diferencia en toda empresa. Crear entornos respetuosos, innovadores y nutritivos en cuanto a estimulación, incentivos y respeto es lo que les permite llegar lejos.

El liderazgo silencioso delega porque confía

Delegar responsabilidades es uno de los pilares más básicos en todo entorno laboral. No solo es un acto de reconocimiento por parte del líder. Es también una estrategia prioritaria con la que situar la confianza en todos los equipos de la organización para ser competitivos, reconociendo el potencial único de cada empleado.

De este modo, el líder será siempre esa figura que no necesita estar presente en cada paso, en cada decisión. Delegar es situar en hombros ajenos responsabilidades porque uno ya sabe que sus trabajadores son capaces de hacer grandes cosas.

Altos cargos que aplican la humildad y la empatía

Desde la Universidad de Woodbury (California), estudios como los llevados por las doctoras Svetlana Holt y Joan Marques nos recuerdan los efectos que han tenido figuras como los “psicópatas corporativos” y que el psicólogo Robert Hare definió en su día como una forma de violencia empresarial.

La estrategia “mano de hierro” y el autoritarismo invalida la productividad y el bienestar de todo el capital humano de una empresa.

En cambio, la empatía y la humildad pueden cambiar el paradigma actual y esto es algo que debe impulsarse. El liderazgo silencioso integra estas dos dimensiones y las aplica a su entorno en el día a día.

mujer representando el liderazgo silencioso

Calma y reflexión en medio del caos

En la actualidad, todo aquel líder que no se halla habituado a las situaciones de incertidumbre, de crisis y hasta de caos, aún no ha madurado en el mundo de la empresa. El liderazgo silencioso se define por ser como el bambú en medio de la tormenta: las enfrenta, sea adapta y crece con ellas.

Lo hace desde el silencio de quien sabe observar de manera reflexiva, de la mente que ha aprendido a gestionar las emociones para permitirse actuar de manera resiliente. Esa posición y esa actitud ante las dificultades es motivo de inspiración para toda la organización.

Las revoluciones silenciosas ya triunfaron en el pasado

Nos hemos acostumbrado a un tipo de liderazgo extrovertido que no a todos nos es cómodo. Sin embargo, la historia está llena de figuras que, desde su posición más discreta y hasta silenciosa, lograron cambiar el mundo. De este modo, personalidades como Gandhi, Rosa Parks o Bill Gates, encajan a la perfección en este perfil.

Son identidades que entran dentro de esa introversión tan definitoria del liderazgo silencioso. Son hombres y mujeres que no hacen excesivo ruido, pero que sin embargo, dejan huella y nos inspiran. Esa es la clave.